1.Concepto de dislexia

El concepto de dislexia o dificultad de aprendizaje específica de la lectura ha ido evolucionando con las diversas investigaciones en el área. En un principio se lo definía básicamente por lo que no era (criterio de exclusión) y hoy en día se lo define por lo que es (criterio de especificidad). A continuación se presentan ejemplos de uno y otro criterio.
“La dislexia específica del desarrollo es un desorden manifestado por la dificultad para aprender a leer a pesar de una enseñanza adecuada, inteligencia normal y oportunidad sociocultural. Depende de disfunciones en el ámbito cognitivo las cuales son frecuentemente de origen constitucional” (World Federation of Neurology, 1968).
“La Dislexia es una dificultad específica de aprendizaje de la lectura, independiente de una discrepancia entre el nivel intelectual y el rendimiento académico, que tiene su base en un déficit en las habilidades de procesamiento fonológico. La dislexia se caracteriza por una pobre automaticidad en el proceso de decodificación, que afecta secundariamente la comprensión lectora y está frecuentemente acompañada de dificultades en la consolidación de la ortografía” Stanovich and Siegel (1994).
En palabras de Stanovich: “un niño disléxico es aquel que tiene un déficit cognitivo que es específico al acto de lectura, lo que implica que estas dificultades no se extienden a otras áreas de funcionamiento cognitivo” (Stanovich ,1988). La especificidad del trastorno no implica que esta dificultad no pueda estar asociada a otras dificultades en el aprendizaje o a déficits conductuales como el trastorno de atención.
2. Naturaleza de las dificultades de aprendizaje de la lectura


Investigaciones en las últimas dos décadas muestran un amplio consenso en que el déficit fundamental de los niños disléxicos involucra dificultades en la lectura eficiente, fluidez lectora y reconocimiento de palabras (Stanovich, 1988). Más específicamente, los niños disléxicos muestran gran dificultad para aprender y automatizar las correspondencias grafema–fonema. Estos niños no logran sobrepasar totalmente la fase alfabética de la lectura (destinada a la automatización de las correspondencias grafema-fonema) mostrando un amplio déficit en las habilidades fonológicas, lo que se pone en evidencia en la lectura de pseudopalabras.
Este aparente “estancamiento” en la fase alfabética (Ehri, 1997) no sólo limita el logro de un nivel independiente en la lectura, sino que interfiere en el desarrollo de estrategias de reconocimiento ortográfico de palabras necesarias para la lectura fluida (fase ortográfica: consistente en el reconocimiento de patrones de escritura, y de ordenamiento de las letras que permite reconocerlas al instante). Así mismo, dado que no manejan con destreza habilidades de reconocimiento ortográfico-visual de palabras y tienen dificultades para segmentar palabras en sus diversos fonemas, presentan en forma casi permanente un bajo rendimiento en la escritura ortográfica.
Además, esta disfunción en las habilidades fonológicas afecta o limita el rendimiento de los individuos disléxicos en otro tipo de tareas que no sólo involucran el manejo de la estructura fonológica de las palabras, sino que requieren el acceso rápido de la información fonológica archivada en la memoria a largo plazo, así como representaciones en la memoria fonológica a corto plazo. Por lo tanto sus dificultades intrínsecas no se limitan a las asociaciones grafema-fonema, sino que también afectan la eficiencia con la que pueden aplicar información verbal aprendida (Torgesen, et. al. 1997).
Para diagramar un plan de entrenamiento eficiente para los niños disléxicos, es importante entender el rol de las habilidades fonológicas y su incidencia en el desarrollo de habilidades de lectura.
El primer indicio de la habilidad fonológica necesaria para una lectura eficiente, es la conciencia fonológica, necesaria para adquirir la noción alfabética.
Existe una amplia variedad de estudios en diversas lenguas que muestran el nivel de conciencia fonológica de los niños predice el nivel posterior de lectura, así como el nivel de aprendizaje de las letras. De la misma manera, existe amplia evidencia que en lectores principiantes, el entrenamiento combinado en conciencia fonológica y en las correspondencias grafema–fonema (reconocimiento de letras) en edad temprana acelera el desarrollo de habilidades de lectura (Torgesen, et.al. 1997).
Diversos estudios longitudinales muestran que este tipo de entrenamiento es adecuado en los primeros años de enseñanza (preescolar a 1° grado). Una vez que el niño ha sido expuesto a la lectoescritura, y luego de lo cual muestre una adquisición al menos parcial de la fase alfabética (Ehri, 1997), el entrenamiento eficaz debe localizarse en el desarrollo de estrategias alfabéticas (decodificación fonológica) o completamiento de la fase alfabética, así como en el desarrollo de estrategias ortográficas para la lectura fluída de textos (o desarrollo de la fase ortográfica). El afianzamiento en estrategias de decodificación alfabéticas posibilitará que el niño realice un análisis visual eficiente de la estructura interna de las palabras escritas, para luego no sólo poder leer palabras nuevas, sino también formar las representaciones ortográficas o vocabulario visual que incidirán en la mejora de la fluidez lectora. La construcción de un vocabulario visual (basado en la adquisición de estrategias de tipo ortográficas) requiere que el lector practique lectura de textos para que sea expuesto a la forma escrita de las palabras lo suficiente como para que sean incorporadas en su léxico ortográfico (Ehri, 1997). Por lo tanto, la exposición a la lectura de textos es importante para el desarrollo de la ruta léxica, de estrategias léxicas y de la formación del léxico visual (Stanovich, 1991).
El programa jel de entrenamiento en habilidades de lectura, apunta al desarrollo de estrategias fonológicas y ortográficas, mediante el entrenamiento en el análisis de la estructura interna de las palabras y el reconocimiento visual de patrones de letras y palabras para la construcción de un vocabulario o léxico de uso frecuente. En la medida que éste programa se aplique con frecuencia y en conjunto con la lectura de textos, el individuo con dislexia se verá fortalecido en las destrezas que necesita para adquirir una lectura eficiente y más fluída.

Por Rufina Pearson